| Oportunidades de Negocios |
| martes 05 de octubre de 2010 16:36 | |
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Johnny Cobos ha sabido ponerle color, dulzura y olor a la vida desde niño cuando goloso le pedía a su tía Rosa que le prepare esas tortas de chocolate tan ricas que sólo ella sabía hacer.
![]() Pero a medida que Johnny fue creciendo, los pedidos aumentaron y la paciencia de la tía fue agotándose hasta que decidió enseñarle a su sobrino a prepararse él mismo sus tortas. "Mi primera torta me salió media marciana, pero después poco a poco fui aprendiendo", recuerda Johnny. Una mañana, cuando ya había aprendido a preparar tortas de chocolate, acompañó a su madre al mercado del barrio a tomarse un jugo; fue ahí cuando se le presentó su primera oportunidad de negocio. La señora del puesto de jugo estaba molesta porque su proveedor de tortas le había fallado y no había cumplido con traer el pedido de ese día. Johnny no lo dudo un segundo: "Señora, yo le puedo hacer las tortas", le dijo. La señora parecía no creer mucho en la calidad del ofrecimiento pese a que la mamá de Johnny atestiguó por él. Quedaría convencida el fin de semana siguiente al probar la torta que Johnny le llevó. Lo contrató de inmediato. Desde ese día cada sábado le llevaba una torta bañada en chocolate, pero luego los pedidos fueron complicándose... Primero kekes, luego tortas heladas y, finalmente, chifones. Por supuesto, nunca existió la palabra "no" para Cobos, quien tenía la suerte de contar con su tía Rosa para que le enseñe a preparar todos los nuevos pedidos. Ella lo ayudó mucho, pero lo que sí nunca le prestó fue lo que consideraba su mayor joya: la batidora. EL SUEÑO DE LA BATIDORA Como todos los objetos que nos resultan inalcanzables, la batidora se volvió para Cobos una meta fascinante. "Para mi familia tener una batidora era un lujo remoto, pero yo me obsesioné con poder tener una. Mientras tanto debía batir mis postres a mano", narra Cobos. En esa época se demoraba tres horas en preparar a mano dos moldes, mientras que hoy su batidora industrial y sus trabajadores preparan treinta moldes en diez minutos. Pero primero Cobos tuvo que servirse de una batidora manual. Aún recuerda bien cómo la consiguió. En el mercado vio a un hombre que con un resorte con mango de madera batía claras de huevo para el ponche que vendía en cucuruchos de helados. Cobos le preguntó dónde lo había conseguido. EI ambulante lo mandó al Mercado Central. Cinco minutos después Johnny compró por cinco soles una batidora manual que hasta hoy guarda como recuerdo. Pese a todo su esfuerzo, las ganancias producto de la venta de tortas a su clienta del mercado no eran suficientes como para vivir y pagar la universidad privada, por lo que tuvo que dejar sus estudios en Psicología, ingresar a una universidad nacional y comenzar a hacer taxi. LA GRAN OPORTUNIDAD Fue pasando el tiempo y Johnny ya había tirado la toalla en el negocio de las tortas cuando una puerta se abrió. "Le hice una carrera a una señora que me pidió que me estacioné en una panadería y la ayude a cargar ocho tortas", cuenta Johnny. Curioso, le pregunté donde las llevaba, y la señora le respondió que tenía una pastelería donde preparaba kekes y pasteles pero las tortas las compraba. Una vez más el destino retó a Johnny quien no dudó en ofrecerse como su proveedor. "La señora se mató de la risa porque no podía creer que un hombre y menos un taxista pudiese hacer tortas", dice. Al día siguiente le llevo una torta que conquistó el paladar de la dueña de la tienda. "Tráeme ocho tortas en tres días ", le solicito la señora. EI día de entrega Johnny no le llevó ocho sino nueve tortas, una para invitar a los clientes. A partir de este momento las cosas no volverían a ser las mismas para este hombre que con mucho esfuerzo mezclaba sus ingredientes y los batía hasta la madrugada para que quedaran perfectos. Un día, en el depósito de la señora encontró un horno semi-industrial empolvado. "Me quede mirándolo como si se tratase de la octava maravilla y se lo compré a plazos". Con este horno su producción fue creciendo hasta lograr ahorrar un dinero y cumplir su sueño: comprar su batidora semi-industrial. Luego, se capacitó en todos los cursos gratuitos que veía y su entusiasmo por la pastelería fue creciendo como las claras que batía en la madrugada. LAS LÁGRIMAS DEL PADRE Una mañana, mientras Cobos preparaba sus tortas apareció su padre en su casa con pan y tamal para desayunar. Al ver a su hijo trabajando empezó a llorar por el oficio que había elegido. "Que pena que un chico con tanto talento como tú se desperdicie en un negocio como este. ¿Qué le voy a decir a mis amigos cuando me pregunten por mi hijo mayor? ¿Qué es un panadero? Me voy a morir y esto no va a funcionar ", sentenció su padre. Por supuesto, no hubo desayuno, solo mucho dolor y la promesa de Johnny que, con el tiempo, le demostraría que había elegido un buen camino. "Hoy es mi hincha número uno, recorta los artículos donde salgo y se muestra muy orgulloso de mí frente a sus amigos", afirma. Una tarde su padre llegó a su tienda a pedirle perdón y a aceptar que se había equivocado. "Ese fue el mejor premio para mí", afirma Johnny contento. CONQUISTA LA INDEPENDENCIA Luego de tres años de trabajar para la señora del taxi, cuando Cobos ya vendía 2 mil soles por semana, se dio cuenta que las ventas de la señora y su capacidad de producción le permitirían muy pronto contratar a un maestro panadero en vez de seguir compran do sus tortas. Anticipándose a esta situación decidió vender el carrito con el que había hecho taxi una temporada y, con los ingresos, alquiló un local en Comas, pidió prestada una vitrina y compró una refrigeradora de segunda mano. Así abrió su primera tienda: pastelería Piero's, el nombre de su primer hijo. "Las empresas de la competencia calculaban que mi tienda tendría tres meses de vida", recuerda; pero Johnny, que par su padre ya sabía de sentencias, no hizo caso y visitó las pastelerías del Cono Norte donde las tortas eran decoradas con merengue o crema de mantequilla. Visitó también las pastelerías del Centro de Lima donde hizo un importante hallazgo en Jirón Huallaga: la crema chantilly. HOMENAJE A COMAS Johnny rompió el prejuicio de que la crema chantilly era un producto costoso para la comunidad comeña y comenzó a incluirla en sus tortas. Con ella empezó a distinguirse de las demás pastelerías. Aumentó sus ventas, abrió nuevos locales en puntos cercanos a Carabayllo, Los Olivos y Puente Piedra, hasta que, hace unos tres años atrás, se dio cuenta de que para aumentar su producción requeriría una planta industrial. Y así fue. Su planta produce 650 tortas diarias y tiene capacidad para producir dos mil tortas diarias. Tras 16 años de conocer el gusto del cliente de Comas, ha lanzado hace unos días la torta comeña, hecha de los productos más vendidos por Piero's: bizcochos o tortas bañadas en chocolate, fresas y chantilly. Esta especialidad de Piero's lleva la iconografía del sol Colli que pertenece a la cultura pre-Inca Colli (primeros habitantes del distrito de Comas). Es pues, un homenaje de Johnny Cobos al distrito que lo vio nacer biológica y empresarialmente. Después de haber leído el caso de éxito de Johnny Cobos y su pastelería Piero's, responder las siguientes preguntas: 1. ¿Cómo fue que aprovechó la oportunidad de negocio que encontró? 2. ¿Dónde obtuvo los recursos necesarios para poder iniciar la empresa?
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