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Lee atentamente el relato “Sihan, sushi milagroso”, el cual salió como parte de la publicación: “Semillero Empresarial” y responde a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué tipo de empresa era inicialmente Sihan?¿Considera que fue una elección correcta iniciarse como bajo esa forma empresarial? ¿Por qué? ¿Debió comenzar como una franquicia?
  2. ¿Por qué decide cambiar a un formato de franquicia? ¿Qué ventajas y desventajas encuentra?
  3. ¿Por qué no mantenerse como el tipo de empresa que eran inicialmente?
  4. ¿Todas las empresas deberán seguir el ejemplo de Sihan?

Shihan, sushi milagroso

Engendrado por Alejandra Pardi y su esposo, el proyecto está basado en una de las principales aficiones de la pareja: el interés por la cultura japonesa. En 2003 abrieron un local donde ofrecían un menú de sushi y otros platos nipones. Ellos buscaban que el establecimiento se convirtiera en un punto medio entre la comida rápida japonesa y los más costosos restaurantes de este género. Actualmente, tras poner en marcha un modelo de franquicias, existen tres restaurantes Shihan en Caracas y más por venir.

En la autopista de Prados del Este, una gran valla publicitaria muestra el rostro sonriente de Camila Caníbal, conocida animadora de la televisión venezolana. Muy cerca de su boca, un par de palitos de madera sostienen firmemente un roll japonés. La palabra “Shihan” parece, en letras verdes, flotar sobre la cabeza de la atractiva figura televisiva. Hace unos años atrás, ese término nipón, que actualmente sirve para nombrar a una cadena de tres restaurantes en la ciudad de Caracas, no estaban ni cerca de los pensamientos de Caníbal, sino que reposaba en los planes de negocio de Alejandra Pardi y su esposo, Vladimir Landa.

La pareja, integrada por una profesora de la Universidad Metropolitana y un comerciante nato, saboreaba, desde hacía mucho tiempo, la idea de abrir su propio restaurante de comida japonesa. Esa cultura, confiesa Pardi, ha ejercido siempre una gran fascinación sobre el matrimonio, al punto que luego de practicar karate y aprender a hacer sushi, el próximo paso tenía que ser, ineludiblemente, emprender un negocio que implicara algún tipo de contacto con las especialidades culinarias asiáticas.

Pardi, psicóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela y profesora del ciclo básico de Unimet, no contaba con experiencia alguna en el área de comercio, mucho menos en lo referente a los negocios relacionados con la gastronomía. Vladimir Landa, por su parte, había sido comerciante toda su vida y se había dedicado, desde tiempo atrás, a desarrollar una fábrica de textiles. A pesar de las dificultades, la idea latía, aunque cubierta por nubes de dudas y cuestionamientos. Pero entró en el juego la ocupación de Alejandra Pardi, o mejor dicho, su ámbito de trabajo. Si bien la educación constituía su labor esencial, un taller para fomentar la capacidad emprendedora, dictado  por el Infoem en la Unimet, despejó su panorama. “A medida que fui asistiendo a las sesiones me fui entusiasmando y se me ocurrió que sería buena idea para optimizar la fábrica de franelas de mi esposo”, recuerda.

De esta manera, se produjo el primer contacto entre la pareja y Francisco Rodríguez, director del Infoem. En aquel momento, a principios de 2001, el Servicio de Atención al Emprendedor era todavía un proyecto y la asesoría se hizo de una manera, si se quiere, informal. No obstante, el comienzo produjo buenas migas en la relación: “Se dio un encuentro ideal entre ellos (Francisco Rodríguez y Jonathan Moreno) y nosotros; fue cuando entendimos que si tienes ciertas cualidades de emprendedor, puedes convertirte en un empresario.Vladimir Landa tenía esas cualidades, sin duda alguna, desde hacía mucho tiempo, cuando se inició en el negocio de las franelas: “La gente me preguntaba que si era la empresa de mi padre, que si la había heredado. Pero no, la empecé yo solo, con mucho empeño”. A Pardi, sin embargo, le faltaba conocer más sobre sí misma y sobre el potencial empresarial que podía desarrollar.

De cualquier forma, empezaron las sesiones de asesoría, una vez por semana y frente a una idea que no era más que un boceto y que tomaba su nombre de la filosofía japonesa: “Shihan significa ‘el maestro del sensei’, es decir, el maestro del maestro. Pero, para nosotros, se convirtió en ‘Shihan, el maestro del sushi’”, traduce Pardi.

El proceso de consultas abarcó desde los primeros cálculos sobre la inversión, pasando por el local comercial requerido, el enfoque de restaurante, hasta el diseño de la imagen del establecimiento. Siendo Pardi primeriza en el tema de la creación de nuevas empresas, sintió apoyo en el mecanismo del naciente SAE: “Nos ayudaron a detectar las fortalezas personales para ver de qué nos encargaríamos cada uno, pues, aun cuando en esto estábamos los dos, no fue fácil”.

Nada sencillo, de hecho. Apenas surgida la oportunidad, se lanzaron tras un espacio disponible en las adyacencias de la feria de comida del centro comercial Concreta, ubicado en el sureste de Caracas, donde el 2 de marzo de 2003 inauguraron el restaurante Shihan. El concepto general –que buscaba diferenciarse de los cientos de establecimientos de este estilo en la capital –estuvo centrado en un lugar de comida rápida, que se encontrara en un punto intermedio entre los más económicos y los más costosos, pero sin descuidar la calidad.

Fue un trabajo de mucha paciencia, enmarcado además en una situación económica adversa. “Los primeros meses fueron muy duros para nosotros –relata Pardi-. Vendí mi carro y tuvimos que pedirle dinero prestado a mucha gente (pues un crédito bancario estaba alejado de las opciones). No tienes vida fuera del negocio, pasábamos los fines de semana metidos ahí. Es una etapa en la que tienes que hacer muchos sacrificios, aunque en el momento, no tengan ningún fruto; además, deber plata es lo más horrible de este mundo… Pero te casas con la idea y quieres que tenga éxito”.

Naturalmente, ante tanta premura, los dueños de Shihan no contaban con una partida para campañas publicitarias. Así que. “al principio había que estar ahí, en la puerta, invitando a la gente a entrar, ofreciéndole una muestra”, según recuerda Pardi. Pero, a pesar del panorama del año 2003, cuando llegaron a la conclusión –junto con el SAE- de que la meta era sobrevivir, se logró el retorno de la inversión.

El agua bajó del cuello, y atraídos por el menú y la aparente rentabilidad de Shihan, algunos familiares y conocidos se interesaron en formar parte del negocio. Nació la idea de la creación de una franquicia y, dado el poco conocimiento de la pareja con respecto al tema, el Servicio de Atención al Emprendedor, ya constituido como tal, entró con más fuerza al juego por su compenetración con el proyecto. “Era un proceso muy largo y complicado –afirma Vladimir Landa-. Jonathan fue al restaurante y nos ayudó a levantar la información para realizar los manuales de franquicia.

Para quienes no saben qué clase de datos contiene un manual de esta especie, hay que señalar que allí deben estar plasmados elementos como, por ejemplo, el grosor del logotipo del establecimiento, la manera en que los mesoneros deben llevar el delantal y, en el caso de Shihan, hasta cuántos granos de arroz debe contener un roll California. “Nuestro menú cuenta con más de 70 platos, así que la constitución de este documento fue un gran esfuerzo”, apunta Landa.

Tal trabajo se vio reflejado en los nuevos dos eslabones de la cadena, los cuales han abierto sus puertas en el Centro Sambil y en la urbanización Las Mercedes, gracias también a la asesoría de un especialista de Profranquicias, conseguido a través de la red de aliados del SAE. Ya hay conversaciones adelantadas para inaugurar más sucursales en Caracas. Un inversionista ha mostrado interés, inclusive en transportar la fórmula Shihan a la isla de Puerto Rico. En la actualidad, se ha logrado crear un modelo que garantiza el retorno de la inversión en un tiempo comprendido entre 24 y 30 meses, de acuerdo con Vladimir Landa.

La situación publicitaria ha mejorado también. Ya no es necesario que alguien capte la clientela, parándose en la feria del centro comercial con una bandeja repleta de rolls. Ese trabajo lo hace actualmente, la gran valla de la autopista, la cual, en un principio, no contaba con los ojos azules de Camila Caníbal, sino con los de un triste pescado. “Pero ella era cliente regular de nuestro restaurante y nos hicimos amigos, al punto que se lo propuse y le encantó la idea”, revela Landa. La sonrisa de la popular animadora de televisión hace desviar la mirada de los conductores desde comienzos de 2004.

A estas alturas, la pareja Landa Pardi aún se mantiene en contacto permanente con Jonathan Moreno y el SAE. “Para ninguno de los dos la parte económica-financiera es un aspecto fuerte de conocimiento –agrega Pardi. Por eso tenemos gente contratada que nos lleva la administración. Aunque siempre acudimos y nos sustentamos con el SAE, donde nos explican qué siginifica cada término especializado.”

Asimismo, ha nacido otra relación vinculada con el servicio, pues Christian de la Cruz –graduado de la Unimet y cuya empresa es producto de la asesoría con el SAE –es quien se encuentra realizando la página web de Shihan. “Esa es nuestra idea, que los emprendedores se interconecten entre ellos, a través de lazos de negocios”, comenta Moreno.

Para Landa, es una experiencia muy provechosa con el SAE. “Los precios de ellos son muy inferiores, en comparación con los de otros asesores. Además, podemos decir que están muy pendientes de nosotros, de cómo va nuestra empresa. Es muy importante conseguir gente que te apoye”. Su esposa añade que el trato personal también influye en el desarrollo: “Tiene que existir esa conexión especial para el seguimiento. Pienso que sin ellos pudimos haber tomado un camino similar, pero el resultado hubiera sido distinto. Es vital saber que, en tanto tiempo, vas a tener una respuesta. Desde un principio pensamos que si no sabíamos hacer algo, íbamos a buscar gente que nos ayudara.”

Shihan se encuentra ahora en proceso de convertirse en una corporación conformada por una junta directiva que tomará decisiones sobre el curso de la empresa. Además de sus reuniones eventuales, en la sede del Infoem, Jonathan Moreno también se acerca de vez en cuenta a Shihan, pero para comer sushi.

Ultima actualización ( martes 02 de diciembre de 2008 17:05 )
 
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