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Página 6 de 7 La ferretería de barrio Por otro lado, cabe notar que las cadenas de mejoramiento del hogar presentan interesantes oportunidades para pequeños y medianos empresarios de ciertos sectores. Si bien estas cadenas se abastecen mayormente con productos importados o producidos localmente por grandes fábricas, ciertas líneas más artesanales han tenido gran acogida. Industrias Quispe, por ejemplo, concretó una alianza con Ace en el 2003 para proveerle lavaderos de granito (un producto que no puede fabricarse al por mayor con alta sofisticación estética).
Algo similar ocurre con ciertos productos de madera, como puertas y algunos muebles, que artesanos peruanos logran producir a costos significativamente menores que el equivalente importado, sin sacrificios en calidad. Ahora bien, el sector de ferretería minorista está aún poco organizado, saturado por sobrecompetencia y plagado de informalidad. Si bien el consenso es que existen en Lima alrededor de 4,500 ferreterías, no hay cifras exactas al respecto.
Las ferreterías informales han contribuido a generar una coyuntura doblemente destructiva para los minoristas formales, ya que estas últimas no sólo deben competir, por un lado, con los menores precios de las cadenas –los cuales son inigualables para pequeñas tiendas sin mayores economías de escala–, sino también con competidores que ni pagan impuestos ni ofrecen garantías por la calidad de los productos que comercializan.
De esta manera, a pesar de que clusters ferreteros como el de la avenida Tomás Marsano muestran pocos síntomas de eminente extinción, la competencia está estrechando cada vez más los márgenes de los minoristas, al punto que es probable que en unos años sólo permanezcan aquellos que logren redefinir su negocio con ofertas o servicios altamente distintivos.
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