| opinión |
| |
 |
|
|
| El heterogéneo mundo de la pequeña y microempresa en el Perú |
|
|
Néstor Valdivia
|
Revista Gerencia, 30/4/2003 / [8130]
|
Es común señalar la importancia de las PYMES en la economía peruana, pero esa clasificación genérica encierra una gran diversidad que se hace necesario comprender para beneficio de todos los que hacen empresa en el Perú.
A lo largo de las dos últimas décadas, el país ha sido testigo de un crecimiento acelerado del número de micro y pequeñas empresas conducidas por un nuevo tipo de “empresario emergente”. Este segmento de empresas concentra casi la totalidad del crecimiento del empleo reciente. El conocimiento de la dinámica de ese sector implica responder a dos preguntas: ¿Tienen estos empresarios características y trayectorias similares? ¿Alcanzan un mismo dinamismo y nivel de éxito en la conducción de sus empresas? La respuesta es no. El nivel de desarrollo de estas empresas y su crecimiento en términos de empleo, utilidades y productividad es desigual. Las características de sus negocios, los montos de inversión, la tecnología incorporada y las estrategias seguidas para su crecimiento, sugieren que existe una marcada heterogeneidad en el desempeño de los pequeños empresarios y de sus empresas. Veamos por qué.
Diversos estudios realizados permiten esbozar un perfil sociocultural y económico de estos “empresarios emergentes” en nuestro país. Por lo general, son migrantes (mayoritariamente de origen andino) que llegaron a la ciudad entre las décadas de los 60 y 70, y se ubicaron en barrios populares (como los Conos de la periferia urbana). Gran parte de ellos ha tenido experiencia trabajando en pequeñas empresas o han sido obreros en grandes empresas modernas; en uno u otro caso, esos centros de trabajo han sido ‘laboratorios’ de aprendizaje del oficio del que posteriormente se valieron para poner su propio negocio –más que por necesidad, motivados por la idea de ser autónomos-.
Estos “empresarios emergentes” suelen pertenecer a los estratos socioeconómicos bajos –pero no a los más pobres-, lo cual no ha impedido que una parte de ellos haya experimentado un proceso de movilidad social que se expresa principalmente en la adquisición tardía de algunos bienes inmuebles y semiduraderos, eventuales cambios residenciales y, sobre todo, mayor acceso a la educación de la segunda y tercera generación –sin que ello suponga necesariamente la pérdida de los patrones culturales y los referentes sociales de origen-.
En general, las trayectorias de vida muestran a personas que han empezado desde “abajo” y que han contado con escaso capital para el financiamiento inicial de sus actividades proveniente algunas veces de alguna liquidación por un empleo anterior, y algunas otras del ahorro familiar. Este tipo de empresarios suele contar con escasa educación formal. Pero a falta de capital humano, han recurrido a distintas estrategias para salir adelante con sus negocios, haciendo uso de una acentuada ética del trabajo y una amplia red social de apoyo y ayuda mutua.
Los rasgos aquí descritos corresponden a ciertas características comunes a los pequeños empresarios. Sin embargo, un análisis detallado muestra una profunda heterogeneidad.
Heterogeneidad de las micro y pequeñas empresas: el caso de confecciones
Según un estudio realizado por investigadores de GRADE, existen distintos estilos o estrategias empresariales en el mundo de las micro y pequeñas empresas . Estas estrategias parecen definirse principalmente en torno a cuatro factores: acceso a capital, uso de redes sociales, formalización del negocio y nivel de educación y profesionalización del empresario .
Sobre una muestra de 219 empresas de confecciones en cinco ciudades del país y a través de la técnica estadística del análisis de conglomerados , el estudio de GRADE identificó hasta seis tipos distintos de pequeñas y microempresas.
Las “microempresas familiares informales” –que abarcan aproximadamente a la mitad de las empresas- funcionan en un solo local con una inversión en maquinaria de alrededor de 1,100 dólares por trabajador y perciben ingresos de 9,900 nuevos soles mensuales. Se caracterizan por operar al margen de la formalidad, tanto en lo que concierne a licencias municipales como a las obligaciones contables y tributarias. Se trata de microempresas que orientan su producción hacia mercados de bajos ingresos y que funcionan con sólo dos o tres trabajadores, por lo general familiares del dueño del negocio. Un dato importante es el perfil de este último: se trata de un empresario que tiene una significativa experiencia laboral en ocupaciones vinculadas al giro de confecciones, que cuenta con secundaria completa y que carece de una formación profesional de nivel superior*.
Las “microempresas familiares con acceso a crédito formal” funcionan con cinco trabajadores, uno o dos de ellos familiares del dueño. Tienen un mayor acceso al crédito formal tanto al inicio del negocio como, y sobre todo, posteriormente, lo cual es probable que tenga relación con los mayores ingresos y utilidades percibidos –ello a pesar de que el mercado y el ratio K/L son similares-. La mayoría de ellas funcionan como microempresas formales y son conducidas por personas con un nivel educativo relativamente más alto que el de las primeras.
Las “microempresas con alta inversión conducidas por un profesional” –comprende a la tercera parte de las empresas- operan con una inversión de casi 2,000 dólares por puesto de trabajo, usando maquinaria algo más moderna y empleando mano de obra asalariada no familiar. La diferencia principal respecto a los dos tipos anteriores es el alto capital humano del conductor, quien cuenta con educación de nivel superior o ha seguido alguna carrera que lo capacita en la gestión y la administración del negocio.
Las “microempresas familiares con participación de hijo profesional” son conducidas por personas de mayor edad y tienen un perfil económico semejante al del primer tipo de empresas. Sin embargo, hay tres diferencias importantes: menor inversión de capital, acceso a mercados de sectores sociales de mayores ingresos y un nivel de planificación algo mayor en la gestión de la empresa.
Por último, están las “pequeñas empresas con acceso a crédito formal” y las “pequeñas empresas con alto ingresos conducidas por profesional”, que comprenden empresas formales que operan como personas jurídicas y funcionan en dos o tres locales. Las primeras emplean alrededor de treinta trabajadores, tienen ingresos mensuales por ventas de 88,500 nuevos soles y utilidades de 12,900 nuevos soles. Las segundas operan con cerca de veinte trabajadores, tienen un ingreso mensual de 140,300 nuevos soles y unas utilidades de 26,900 nuevos soles. En ambos casos se trata de las empresas con mayor inversión por trabajador, que hacen uso de tecnología más avanzada y que aplican en mayor medida técnicas de gestión y planificación empresarial**.
*Para ilustrar las características de este tipo de microempresa se presenta resumidamente el caso de uno de los entrevistados en el estudio (El caso de Fortunato)
**Para un análisis más detallado de este último tipo de empresas, véase El caso de Percy.
El desempeño de las empresas: la pirámide del subdesarrollo
Para medir el desempeño de los distintos tipos de empresas se usaron cuatro indicadores: la tasa de crecimiento anual en el empleo, la aplicación de técnicas de gestión en la empresa, el valor del producto medio del trabajo y la tasa de rentabilidad. Los resultados son interesantes porque revelan para casi todos los indicadores una suerte de “pirámide” en la cual la mayor parte de empresas se ubica en la base debido a su relativamente bajo desempeño.
Se puede observar que la gran mayoría de empresas, las denominadas “microempresas familiares informales” (el tipo 1) son ajenas a una gestión moderna de sus procesos y presentan niveles de productividad laboral bajos (ver gráficos 2 y 3). Sin embargo, a pesar de tener una baja tasas de variación del empleo (Gráfico 1), sí muestran una alta rentabilidad (Gráfico 4). Ello parece explicarse, en gran parte, por su funcionamiento informal: debido al ahorro de costos que supone el operar al margen de las leyes laborales y tributarias.
Por otro lado, las “microempresas familiares con acceso a crédito formal” (el tipo 2) y las “microempresas con alta inversión conducidas por un profesional” (el tipo 3) muestran una mejor performance comparadas con las otras microempresas, por lo menos en lo concerniente a la productividad laboral media de la misma (ver Gráfico 3). En cuanto a las prácticas de gestión (ver Gráfico 2), la ventaja de ambos tipos respecto a las “microempresas familiares informales” es evidente.
Haciendo una evaluación general del desempeño empresarial a través de tres de los cuatro indicadores señalados, se concluye que las pequeñas empresas, tipo 5 y tipo 6, son las más “exitosas”. Esta ventaja de las pequeñas empresas es más clara cuando se toma en cuenta la tasa de crecimiento del empleo (ver Gráfico 1). De esto se concluye que ese segmento empresarial debería ser tomado en consideración de manera especial en las políticas de promoción del empleo en nuestro país.
Algunas conclusiones
Son varias las conclusiones que se derivan del análisis de los casos y de la tipología presentada. En primer lugar, el estudio confirma que la gran mayoría de empresas son microunidades informales, de baja productividad y escasa gestión moderna. Las pequeñas empresas más dinámicas son una minoría que no llega ni al 5% del total de establecimientos.
En segundo lugar, las empresas son el resultado de la actitud emprendedora de ciertos individuos que, por lo general, incorporan en la conducción del negocio, cuando menos, a algún pariente cercano –esposa o hermano, por ejemplo-. Por lo general, las iniciativas empresariales de estos “empresarios emergentes” involucran recursos y decisiones de círculos familiares y comunales más amplios. En ese sentido, puede afirmarse que, además del capital económico el empresario hace uso de un “capital social”, definido como el conjunto de redes sociales a las cuales recurre para salir adelante y plasmar su proyecto empresarial.
Por otro lado, la experiencia laboral previa resulta crucial no sólo en la adquisición de contactos personales claves para el desarrollo del negocio (que implican un incremento de ese capital social) sino también en el aprendizaje de los “secretos” del giro del negocio y el conocimiento de sus distintas etapas. En este sentido, el autoempleo se presenta como una etapa posterior a la experiencia laboral asalariada, la misma que, a su vez, puede contribuir a lograr un mayor éxito en la apuesta empresarial.
Por último, de la tipología de empresas descrita se deduce que existen diferentes estrategias empresariales para iniciar un negocio y lograr su consolidación (con mayor o menor éxito). En ellas cabe destacar dos. Una primera estrategia está basada principalmente en el aprendizaje empírico del oficio, el uso de redes familiares y el recurso a la informalidad como modus operandi del negocio. Una segunda estrategia, en cambio, se desarrolla a partir de una combinación de experiencia laboral con profesionalización del empresario, el uso de redes más extensas y la aplicación de técnicas modernas de gestión.
No resulta casual que aquellas empresas que presentan un mejor desempeño en términos de su gestión y su desarrollo (medido por la productividad y tasa de crecimiento de la mano de obra empleada) sean, por lo general, empresas conducidas por personas que cuentan con un mayor nivel de formación profesional .
EL CASO DE FORTUNATO
Fortunato conduce, junto a su esposa, un pequeño taller en unas Galerías comerciales de la Avenida 28 de Julio en La Victoria en el que confecciona chalecos y uniformes para la policía y el ejército, así como mamelucos de trabajo para obreros.
Nació en Tayacaja, Huancavelica, hace 48 años en una familia de pequeños agricultores pobres. A la edad de 8 años salió de su pueblo hacia la ciudad de Huancayo, donde aprendió el oficio de costurero en el taller de confecciones de un paisano suyo. Debido a la escasez de recursos económicos, acabó la secundaria recién a los 25 años. Luego de trabajar durante unos años como mecánico decidió seguir en el rubro de las confecciones hasta que llegó a ser maestro.
En el año 1992, cuando él ya tenía 38 años, vino a Lima junto con su esposa y sus dos hijos. Buscando fuentes de mayores ingresos, trabajó como maestro operario en confecciones en la zona de Gamarra. Al cabo de unos años, Fortunato decidió dejar de trabajar como dependiente. Es así como en septiembre de 1998 abre un taller propio que sigue funcionando hasta ahora. Para ese entonces él había aprendido a diseñar las prendas a través del aprendizaje práctico. Actualmente, mientras él realiza el diseño y el corte de las prendas, su esposa se encarga del acabado de las mismas. Sin embargo, como la mayor parte de microempresarios, realiza diversas funciones dentro de la empresa. Para describir las múltiples tareas que realiza él dice que es “polifacético”: “me encargo de los contratos, de las ventas, de los pagos, de todo un poco”.
No ha accedido a créditos de ninguna institución financiera, debido a la falta de garantías. Por ello ha tenido que solventar el negocio con sus propios recursos. Empezó con una sola máquina de costura recta. Actualmente cuenta con cuatro máquinas rectas, una remalladora, dos brocheras y una cerradora. Señala que cuando hay trabajo llega a contratar hasta siete operarios, pero que actualmente opera sólo con tres –uno de los cuales es su sobrina-. Dice que prefiere contratar a familiares, paisanos o conocidos: “Trabajan concientemente. Se quedan más horas trabajando y apoyando en todo sentido. En cambio si contrato personal de la calle, ellos cumplen sus horas y se van... Ya no les interesa”.
Fortunato dice que debido al corto tiempo de funcionamiento de negocio no ha contado con los recursos suficientes para constituirse como empresa formal. Tampoco ha tenido asesoramiento alguno de un abogado o un contador. “He trabajado empíricamente. En un papelito anoto las entradas y los egresos”. De acuerdo a su criterio elabora una estructura de costos en la que incluye determinado porcentaje para pago de personal y su propia mano de obra, pero no la de su esposa (“porque ella es un punto de apoyo”). Para realizar este tipo de cálculos, dice que le sirvió lo aprendido en un curso de capacitación en administración que siguió en un instituto particular de Huancayo en 1978. Aunque al mismo tiempo señala: “Pero siento que hay vacíos. Sobre todo en la parte administrativa, donde hay muchas cosas que desconozco –sobre todo la parte financiera-”.
Agrega que el taller no cuenta con licencia municipal porque los ingresos que le provee son irregulares y no está seguro de seguir funcionando y de quedarse en ese local. Aunque cuenta con registro de contribuyente, durante los últimos meses no ha podido cumplir con el pago respectivo de impuestos. En la medida que no ha tenido problemas de fiscalización, dice que hasta ahora “no ha habido necesidad” de ser formal o de llevar una contabilidad.
Según Fortunato, desde el año 1998 en que funciona el taller, le ha ido “más o menos” porque “siempre hay altibajos”. Según sus cálculos, en una buena temporada el taller llega a tener 6 mil nuevos soles de ingresos. Sin embargo ha habido momentos en que el taller sólo ha dado 600 nuevos soles al mes. Sus clientes son principalmente consumidores finales, aunque hay talleres que lo subcontratan para realizar determinada cantidad de prendas. También hay contratistas –que no tienen talleres- que le hacen pedidos de producción porque tienen contacto con el ejército para realizar la venta de la mercadería.
Evaluando en el largo plazo el avance de su negocio y las posibilidades de progreso que le ha proporcionado a él y su familia, el saldo es positivo. Por ello, preguntado sobre la posibilidad de dejar su taller a cambio de un empleo bien remunerado, dice que –en todo caso- se lo dejaría a su esposa o a sus hijos para que ellos continúen con el negocio.
EL CASO DE PERCY
La empresa de Percy cuenta con cuatro locales, uno en el Jirón de La Unión y tres en la zona de Gamarra, incluyendo una tienda en las nuevas Galerías del Parque Cánepa. Se trata de una empresa de confección de ropa para damas que empezó a funcionar en marzo de 1998. Aunque está a nombre suyo, participa en ella también su hermano Juan Manuel –quien tiene a su cargo algunas tareas de dirección-.
Percy tiene 25 años. Nació en Lima y proviene de una familia de pequeños empresarios. Estudió en un colegio particular religioso y acabó la secundaria a los 16 años. Comenzó a trabajar y a estudiar al mismo tiempo la carrera técnica de computación en un instituto privado, con el objetivo de tener dinero para postular a una buena universidad a seguir administración. Meta que logró cuando ya tuvo su empresa de confecciones a los 22 años.
La experiencia laboral de Percy se remonta a su trabajo como Jefe de almacén en una mediana empresa de venta y distribución de textiles de un amigo suyo. El trabajo en esa empresa, según él, le proveerá una experiencia decisiva en el aprendizaje de la gestión empresarial y en el establecimiento de contactos con proveedores y clientes.
Al cabo de un tiempo, Percy decide poner él mismo su negocio vendiendo por su cuenta telas y, posteriormente, incursionando en la producción misma. Si bien este giro estaba relacionado al negocio textil, le era completamente desconocido por carecer de experiencia previa –incluso él reconoce que en la actualidad no sabe ni “agarrar” una máquina para hacer una prenda-. El único capital con el que contaba provenía de unos ahorros suyos y de su hermano –que sumaban alrededor de 2,800 nuevos soles-. Según relata, no fue necesario pedir crédito a ninguna institución financiera porque contaban con el crédito de los proveedores. Tampoco fue necesario comprar máquinas porque mandaban confeccionar “a pedido”, servicios a tercero o “contrata”. Como bien acota: “Nuestros únicos costos fijos era la vendedora”.
La empresa empezó con Percy, su hermano y una vendedora. Actualmente trabajan en la misma alrededor de quince operarios en el taller y cuatro vendedoras de tienda. Los ingresos brutos mensuales oscilan entre 20 mil y 24 mil dólares –según la temporada-.
La empresa funciona formalmente prácticamente desde que inició sus actividades. Percy señala que prefiere ser formal por las ventajas que ello representa, entre ellas: la posibilidad de obtener crédito y de poder exportar. También refiere a la tranquilidad psicológica que ello implica para él como propietario de su empresa.
Aparentemente, un elemento central del éxito de la empresa reside en la preocupación por la calidad de sus productos y el carácter innovador de sus prendas. Además de realizar un riguroso control de calidad, Percy señala que recibe en una casilla postal mensualmente revistas del extranjero para poder estar al tanto de la moda.
Otra característica importante de la empresa es la forma de organización de la producción. Percy ha tratado de aprovechar al máximo las ventajas de la división y la especialización del trabajo. Señala que el “confeccionista empírico” es “una persona que hace todo, es remallador, costurero y gerente, es multifacético”. En cambio, él se dedica a la parte administrativa y financiera. Y, aunque cuenta con un Jefe de taller, la responsabilidad final del control y la supervisión de la producción está a cargo de su hermano.
Percy estudia actualmente la carrera de administración en el Programa para Jóvenes Empresarios de la Universidad el Pacífico –donde ya lleva dos años de estudios-. Esta experiencia ha sido decisiva para incrementar su capital humano y así mejorar el desempeño de su empresa. Por otro lado, su hermano estudia Marketing gerencial en el Instituto “San Ignacio de Loyola”.
En cuanto a sus planes a futuro, Percy menciona la meta de buscar nuevos mercados a través de la exportación. Resume así sus expectativas respecto a su empresa: “Yo en mi mente tengo algo muy grande para mi empresa. Mi proyección es crecer, sí o sí. Mi idea es crecer cada año, esté el Perú como esté”.
|
|
|
|